lunes, 8 de octubre de 2007

Sol solecito...






El otoño va imponiendo sus reglas. Parece inglés. Cuando llegamos comenzaba a oscurecer a las 7:30 de la tarde y a las 8:00 ya estaba de noche. Hoy, a las 7:00 se va poniendo azul profundo y a las y media ya está oscuro. Un poco parecido sucede con el amanecer. Ahora se demora un poco más, resulta lento. De pronto hay un sol muy temeroso a eso de las 8 de la mañana, si acaso.

Los días se turnan. La semana pasada los tres últimos fueron impresionantes. Los más bellos desde que llegamos. Un sol que parecía ecuatorial, un cielo azul claro rotundo, frío eso sí, que volvía las emisiones de los motores de los aviones una especie de cometa brillante. Y los otros tres, grises, como redondos, como si colocaran sobre la ciudad una enorme cúpula de icopor. Sol a raticos. Sol solecito, caliéntame un poquito.



Estos días han sido así, también. Y los que anuncian el estado del tiempo avisan de dos días de lluvias mas otros dos o tres, el fin de semana, medio soleados. Vamos a ver. Aquí también cambian las condiciones del tiempo antes de que acaben de hablar de ellas.





Pero, aparte de un sol hermoso que hace un recorrido como lateral, lo más llamativo en este sentido es la velocidad de las nubes cuando hay vientos. Corren las benditas. En serio. Yo nunca había visto que las nubes andaran a mil, como a veces se ve en documentales si quieren decirle a uno que ha transcurrido el tiempo.

El frío es igualmente repartido. Por cuotas. Puede hacer frío en la mañana y en la tarde hay que quitarse los sacos. Se trata de un frío helado, que entra por todas partes, que se cuela, que hace mella en las manos, en las orejas, en la cabeza, en los pies si uno no está protegido. Y apenas comenzando el otoño; la ropa de invierno está en el clóset.


Finalmente, los árboles, las enredaderas, ciertas plantas, son la maravilla. Ya los colores les van cambiando. Verdes oscuros, verdes claros, amarillos, rojos. Como de mentiras para los que vimos todo verde siempre.
Otoño... ¡y lo que nos espera!

5 comentarios:

Álvaro Ramírez dijo...

Me encanta la manera como describes el otoño por estos lares.

Te cuento por estar nosotros bastante graditos más arriba, aquí las noches crecen a un promedio de algo más de tres minutos por día.
O sea que en una semana el día es 22 o 23 minutos más corto... y la noche empieza a ocupar más espacio hasta el 21 de diciembre cuando amanece a las 11a m y se oscurece a las 3 p.m.

Mónica dijo...

Que árbol tan bonito ^_^ y el atardecer también.

saludos

Aluna dijo...

Sol caracol,
sol de col
ombia

Dice uno de los pésimos poemas que escribe el personaje aquel de Sin remedio, en una Bogotá vomitiva de mediado de los 70s. Vos sabés.

Sol caracol,
sol para condes
sol el Londres

Y qué bueno que ya tengás un pichaderito, como dice mi papá: siempre es bueno ubicar las cosas de uno en un espacio.
Parece que la ciudad te estuviera cantando una canción. Y que vos escuchas, escuchas. Así, por lo menos, terminarás escrbiendo mejores poemas que los anteriores.
Un abrazo.

Jenny Giraldo García dijo...

Profe. Qué envidiecita siento de sentir ese frío, ver esos cielos y esos colores. Me pone feliz encontrarme estos posts. Un gran saludo

isabel dijo...

Envidia, pero de la buena sumercé..se me antoja mucho ver las nubes correlonas de película!porque las de por estos lados só están cargadas de cantidades infnitas de agua que caen todos los días...un abrazote!