lunes, 15 de octubre de 2007

Correr detrás del tiempo



Clau se va para la U los lunes, martes y miércoles en la tarde. Y generalmente los viernes o los sábados tiene taller. Y llega en la noche. Yo voy por ella a la estación del bus o del tren, pero no precisamente porque la caminada a esa hora, entre 8:30 y 9:30 sea insegura.

Digamos que ella se va y ese es mi tiempo. Es decir, cuando me quedo en casa empieza mi carrera detrás de los compromisos. De lo que me afana. El resto del tiempo es de los dos. Lo compartimos de alguna forma, aunque sea trabajando en casa.

Yo me dedico al computador. Más bien, a hacer distintas cosas. Leo correos, respondo algunos mensajes, hago seguimientos de medios y de páginas que me interesan -asunto inacabable-, busco oportunidades de trabajo en línea o de clases de español (estoy esperando algunas respuestas) y escribo: artículos (vayan a Equinoxio. El link está a la derecha), post para mi blog, le jalo a la novela que debo terminar este año a más tardar -para seguir la otra- y atiendo las obligaciones que se desprenden de mi clase de periodismo de opinión por internet. Así que tengo qué hacer.

Se me va el día volando. Pienso, claro, que el tiempo corre porque esta experiencia es intensa y apasionante; aún nos hace pellizcar, y porque hay muchas cosas pendientes, porque tenemos museos, cines, galerías, calles (sectores enteros), plazas, mercados, parques, bibliotecas, iglesias, edificios famosos, por conocer y disfrutar. Poco a poco. Por ejemplo, el viernes pasado fuimos al sector de Putney, al pié del Támesis, cerca de Chelsea y relativamente cerca del centro, y el sábado fuimos al sector de San Pancrasio (St. Pancras) donde queda la Biblioteca Británica -aunque no entramos- un hospital que parece un enorme centro comercial y la nueva estación super moderna desde donde saldrá el tren para París desde noviembre.

Para casi nada alcanza el día. ¡Uh!

1 comentario:

Jenny Giraldo García dijo...

Profe. Gracias por su visita y por ese comentario tan bonito. Me alegra verles esas caras de felicidad, y me alegra saber de sus avatares diarios, de sus caminatas, de los colores del cielo, de su espeluznante jazz. Lo seguiré con constancia, y lo enlazaré a mi blogcito, para que los míos no se priven de sus aventuras!