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sábado, 24 de enero de 2009

Volver...con ganas!


Si hace año y medio estábamos felices porque veníamos en camino a Londres, ahora también nos sentimos contentos porque vamos a regresar a Colombia, aunque a veces nos da cierta nostalgia, claro. Nostalgia de dejar esta ciudad, porque uno va echando sus raíces y desperdigando sus afectos.

Ya Clau ha recibido su diploma de master en cine de la Universidad de Kingston y ha hecho lo posible por conseguir una especie de práctica, un trabajo digno, en lo suyo, que le permitiera tener una experiencia profesional atractiva y formadora y nos facilitara quedarnos unos meses más aquí. Pero no ha sido posible. La crisis económica internacional le viene dando duro a Europa en la cabeza. Y ni el Reino Unido, que se enorgullecía de sólido y de rico, se ha salvado. Eso ha paralizado los créditos, congelado los presupuestos y engavetado los proyectos.

Por eso creemos que ha llegado el momento de regresar a Colombia, a buscar alternativas, aunque sabemos también que no será nada fácil. Pero hay qué intentarlo.
Así que ya tenemos el tiquete en internet, a la espera de ser impreso. Saldremos de Londres el 17 de febrero rumbo a San Francisco, California -E.U.- a visitar a Mae -mi hija mayor, para quienes no estén al tanto- que vive allí y a quien no vemos hace ya dos años. Días después volaremos a Miami, donde la familia de Clau. La idea es compartir allí con ellos y abrazar algunos amigos de quienes se nos ha desdibujado la cara. Por la distancia.

La fecha precisa de regreso a Medellín será a comienzos de marzo de todos modos. Ya estamos en esa tarea jarta de seleccionar con juicio lo que echaremos en las maletas, pues la mayoría de ropas viejas y trebejos que uno acumula sin saberlo se quedarán aquí, en la basura o en almacenes de caridad.

Queremos verlos y conversarlos y escucharlos y abrazarlos, de nuevo.

lunes, 7 de enero de 2008

Como ovejas al matadero




Lo que no me gustó para nada del año nuevo en el centro de Londres fue el regreso. Me sentí como en un rebaño de ovejas que llevaban al matadero.

Apenas terminaron los juegos pirotécnicos -que en verdad estuvieron de maravilla y arrancaron sucesivos vivas de un público que aquí delira con esas cosas- estaba preparado el regreso. Como quien dice, nadie se podía quedar en aquellos alrededores. Los pubs y bares cercanos estaban cerrados. Era imposibloe encontrar un sitio donde vendieran una cerveza. Todos lo sabían y habían llevado sus bebidas en botellas de plástico y de cristal, y en licoreras y en latas que quedaron regadas por el suelo.

La policía tenía cerradas las calles de tal manera que la multitud tuviera qué dirigirse a las estaciones del tube de los alrededores. Sin alternativa. O lo que hicimos, caminar, alejarnos de allí para evitar semejante chichonera. Aquello era una marejada humana que avanzaba apretujada, despacio, como al despeñadero.

Nos demoramos más de una hora en llegar a una estación cercana a Elephant and Castle, donde pudimos tomar el underground o metro o tube. Y otra hora para llegar a Morden, el sector donde vivimos, pero allí el transporte estaba reducido al mínimo. Mucha gente esperando y los buses eran fantasmas. Y los que llegaban no nos servían. Otra hora allí a la espera del bus 93, que se llenó como lata de sardinas porque era gratis y al fin nos dejó cerca de Love Lane.

La fiesta del recibimiento del año tuvo un sabor maluco al final. Creo que no volveré.