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lunes, 6 de octubre de 2008

'Todo cambia'


Como en la hermosa canción de Julio Numhauser, que hiciera famosa Mercedes Sosa, ahora en Londres "todo cambia". Sobre todo el tiempo. Y la vida cotidiana depende en buena parte de él.

El verano fue una exhalación. Una especie de mascarada. Si mucho tuvimos una semana de calor en serio –alrededor de los 30- contando días dispersos. Y ya. Llovió más de la cuenta, se hizo gris y nublado e incluso frío. Templadito, más bien.

Y el otoño, que apenas lleva dos semanas, apunta helado. Algunos días de sol deslumbrante pero de vientos para calar huesos. Lo que me hace pensar desde ahora en el invierno. Aunque no me preocupa. 

El otoño me entretiene, me abre los ojos como ventanas colosales. Puedo ver cómo todo lo verde, casi todo en verdad, se va tornando amarillo, naranja, rojo, granate, tierra. El otoño es el despliegue de los colores, el desafuero de los cambios.

El cielo va y viene, se abre, se cierra, es azul, tremendamente limpio, o es gris, decididamente plomizo. Y la temperatura me recuerda la bogotana, tan rica con un buen saco.

Londres se viste para la temporada. No cesa su actividad, no se amedrenta su fuerza, su ciclo inacabable, su efervescencia sin freno. Y todos hacemos parte de ese transcurrir que vemos interrumpido apenas por la muerte de una paloma o la de algún vecino del barrio.

viernes, 4 de abril de 2008

...No me importa



La primavera es hermosa. Pero hablar de la primavera puede parecer cursi. No me importa.
La primavera es un estado interior al que se llega por los sentidos. Es una mirada sobre el mundo que reconoce las maravillas del planeta. El exceso de color y de luz, la plenitud de formas y de recursos de la naturaleza se muestran aquí, en una especie de encuentro sin aduanas ni fronteras. Eso me emociona. Mejor, observemos.

lunes, 8 de octubre de 2007

Sol solecito...






El otoño va imponiendo sus reglas. Parece inglés. Cuando llegamos comenzaba a oscurecer a las 7:30 de la tarde y a las 8:00 ya estaba de noche. Hoy, a las 7:00 se va poniendo azul profundo y a las y media ya está oscuro. Un poco parecido sucede con el amanecer. Ahora se demora un poco más, resulta lento. De pronto hay un sol muy temeroso a eso de las 8 de la mañana, si acaso.

Los días se turnan. La semana pasada los tres últimos fueron impresionantes. Los más bellos desde que llegamos. Un sol que parecía ecuatorial, un cielo azul claro rotundo, frío eso sí, que volvía las emisiones de los motores de los aviones una especie de cometa brillante. Y los otros tres, grises, como redondos, como si colocaran sobre la ciudad una enorme cúpula de icopor. Sol a raticos. Sol solecito, caliéntame un poquito.



Estos días han sido así, también. Y los que anuncian el estado del tiempo avisan de dos días de lluvias mas otros dos o tres, el fin de semana, medio soleados. Vamos a ver. Aquí también cambian las condiciones del tiempo antes de que acaben de hablar de ellas.





Pero, aparte de un sol hermoso que hace un recorrido como lateral, lo más llamativo en este sentido es la velocidad de las nubes cuando hay vientos. Corren las benditas. En serio. Yo nunca había visto que las nubes andaran a mil, como a veces se ve en documentales si quieren decirle a uno que ha transcurrido el tiempo.

El frío es igualmente repartido. Por cuotas. Puede hacer frío en la mañana y en la tarde hay que quitarse los sacos. Se trata de un frío helado, que entra por todas partes, que se cuela, que hace mella en las manos, en las orejas, en la cabeza, en los pies si uno no está protegido. Y apenas comenzando el otoño; la ropa de invierno está en el clóset.


Finalmente, los árboles, las enredaderas, ciertas plantas, son la maravilla. Ya los colores les van cambiando. Verdes oscuros, verdes claros, amarillos, rojos. Como de mentiras para los que vimos todo verde siempre.
Otoño... ¡y lo que nos espera!